viernes, 11 de mayo de 2012

0192. Testimonio: Eadweard Muybridge - Inglaterra


Historia de un fotógrafo sordo
Eadweard Muybridge


Después de que le sobreviniera una sordera a causa de un accidente, se dedicó a investigar e inventó la fórmula para captar el movimiento con una cámara. Un ejemplo de cómo todos podemos superar la adversidad y destacarnos en lo que más nos apasiona.

Edward James Muggeridge, luego conocido como el famoso fotógrafo Eadweard Muybridge, nació en Inglaterra, en la zona de Kingston-upon-Thamez, el 9 de abril de 1830 y vivió hasta el 8 de mayo de 1904. Fue el segundo de cuatro hijos nacidos de Juan y Susannah Muggeridge.

Corría el año 1851 cuando decidió cambiar su nombre primero a Muygridge, y luego a Muybridge, en relación a la “piedra de la coronación”, que había sido descubierta ese año en su ciudad, y sobre la que se habían coronado a los antiguos reyes de Saxonia, dos de los cuales compartían su nombre de pila.

En busca de desarrollarse y encontrar su verdadera vocación, emigró a los Estados Unidos en 1852 y, 4 años después, consiguió su primer trabajo como agente de un editor, hasta que logró abrir su propia librería ese mismo año.

Pero un accidente iba a marcar un antes y después en su vida. En 1860 volcó el carruaje en el que viajaba desde San Francisco hasta Nueva York, y sufrió un golpe en la cabeza que lo dejó sordo y le ocasionó doble visión. Luego de la tragedia, volvió a Londres para recuperarse y allí permaneció durante los siguientes 6 años, donde comenzó a aprender fotografía, la disciplina que luego regiría su vida.

Lejos de mostrarse débil e incapaz, Muybridge logró sobrepasar la adversidad y encontrar aquí una oportunidad para crecer y desarrollar su potencial.

Fue entonces que reapareció en San Francisco en 1866, anunciándose como fotógrafo profesional, bajo el seudónimo de “Helios”. Instaló su propio estudio fotográfico en la popular galería cosmopolita de Silas Selleck.


El caballo en movimiento



Para los setentas, ya era muy conocido por sus trabajos de paisajes de América. Gracias a su serie de vistas del valle de Yosemite, de 1867, el entonces gobernador de California, Leland Stanford, valoró su capacidad artística y le pidió un favor personal.

Tenía que ayudarlo a ganar una apuesta por 25 mil dólares a su amigo, el editor del Daily Alta California probando, por medio de la fotografía, que las cuatro patas de un caballo galopando se encuentran todas en el aire en un instante de la zancada.

Si bien al principio le pareció imposible, el reto le resultó muy estimulante y aceptó. Sus primeros intentos fracasaron pero no se rindió: sabía cómo superar los momentos difíciles, así que siguió investigando hasta que lo logró. Tan estético fue su trabajo que un periódico local decidió publicar un grabado en madera tomado de su serie de fotografías del caballo, en cada una de las fases consecutivas del movimiento. La prueba visual de su éxito asombró tanto al público como a la prensa.

Gracias al apoyo de Standford y su creciente popularidad, Muybridge ideó un nuevo esquema. El 19 de junio de 1878 fotografió a una yegua galopando, con una serie de 24 cámaras. Cada una fue colocada de forma paralela al recorrido del animal, con un cable sujeto al disparador de la cámara, de modo que el mismo caballo cortara los cables a su paso y así fuera accionándolas. Este experimento fotográfico fue conocido como “El caballo en Movimiento”.






Pero él siempre apostó a más. Para mejorar sus resultados, inventó un proyector luminoso en 1881 y sobre él montó sus fotos. Lo que había logrado era nada más y nada menos que un primitivo proyector de cine, capaz de reproducir las fotos como si en realidad el caballo se encontrara en movimiento. A ese descubrimiento lo llamó “el zoopraxiscopio”.

A partir de este logro, aplicó su método al estudio del movimiento de todos los animales y también lo probó con personas en acción: caminando, bailando, saltando. Sus trabajos fueron presentados en diversos congresos científicos en Europa y América y protagonizó muchas conferencias en las que desarrolló su tarea. 

Obtuvo una beca de investigación de la Universidad de Pensylvania, y publicó un libro con 781 fotos bajo el título “Animal Locomotion”.

En 1888 le propuso a Thomas Edison, que ya había inventado el fonógrafo, crear un nuevo invento que combinara ambos dispositivos. Edison rechazó la propuesta pero inmediatamente le pidió a su asistente, Dickson, que elaborara una máquina que “hiciera para el ojo lo que el fonógrafo hace para el oído”.

Muybridge se retiró y volvió a Inglaterra para pasar sus últimos años de vida. Murió en Kingston en 1904, pero su fama sigue viva hoy día y ha tenido una influencia muy importante en artistas de todo el mundo. El mismo año de su muerte, en Kingston se construyó un museo en su homenaje que funciona hasta la actualidad.

Más allá de las limitaciones que marcaron su vida, Muybridge ha traspasado la historia que lo consagró no solo como una gran influencia en el mundo de la fotografía, sino como uno de los primeros precursores del séptimo arte.

Artículo publicado en:
Revista "Oír ahora.Y siempre"
http://www.oirahoraysiempre.com/revistas/Revista_nro5.pdf
Año 2 - Revista No. 5
Argentina, Mayo 2011 

Página 30.

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