viernes, 18 de mayo de 2012

0197. Testimonio: Alexander Graham Bell - Edimburgo, Reino Unido

“Bell dedico su vida a romper el inhumano silencio 
que separa y estrangula”.

El primer maestro de sordos
Alexander Graham Bell

"Indiscutiblemente se trata de un personaje ligado al sonido y a la posibilidad de comunicarse aún a distancia. Pero más allá de la invención del teléfono, Alexander Graham Bell debería ser recordado como uno de los primeros maestros del lenguaje de señas de la historia".

Si comenzamos a analizar los pormenores de este inventor incansable, descubriremos que fue un auténtico autodidacta.

Nacido en Edimburgo, Reino Unido, en 1847, heredó de su madre un especial talento hacia el arte, la poesía y la música.

Precisamente, a raíz de una sordera paulatina de su madre, que comenzó cuando el muchacho tenía 12 años, ambos desarrollaron un lenguaje de señas con el que Alexander podía transmitirle discretamente las conversaciones familiares.

El sistema incluía una técnica del discurso en tonos claros, modulados directamente en frente de su madre de manera que los pudiera comprender.

En realidad, su familia toda estaba asociada de alguna manera con el sonido. De hecho su padre, su tío y su abuelo fueron locutores. Precisamente, fue su padre quien realizó trabajos de investigación y llegó a publicar un libro –que vendió la friolera de un cuarto de millón de copias sólo en Estados Unidos- en el que explicaba su método para enseñar a los mudos a articular palabras y a leer el movimiento de los labios de otras personas para descifrar su significado.

Tan importante fue el tema para la familia que Alexander y sus hermanos aprendieron este sistema –que llamaban en ese momento discurso visible- y lo llevaron mucho más allá de su propio hogar. Instalados en Montreal, Canadá, el joven Bell comenzó a enseñar su revolucionario sistema. Así, logró extenderlo a escuelas de sordos de Londres y posteriormente en diferentes ciudades de Estados Unidos.

El telégrafo

Entre lecciones y conferencias, Alexander continuaba estudiando el sonido en todas sus dimensiones y algo que le quitaba el sueño era la forma de transmitirlo a distancia. Así comenzó con sus experimentos de lo que fue el telégrafo armónico, cuyo concepto básico era la posibilidad de enviar señales a través de un alambre mientras cada mensaje fuera transmitido en un distinto pulso.

No seguro con las posibilidades que estos inventos le podían proporcionar a su vida, siguió enseñando el sistema de señas por diferentes ciudades hasta que logró fundar su propia escuela en Boston, Estados Unidos. Ya en la primera clase logró atraer a 30 estudiantes, pero el número se iría incrementando paulatinamente. Una de sus alumnas más pequeñas, que cursó en la escuela varios años, dijo alguna vez que Bell dedicó su vida a romper el “inhumano silencio que separa y estrangula”.

Luego vendrían los grande inventos que lo convirtieron en un grande de las comunicaciones, como el teléfono, el fotófono y hasta los principios de la fibra óptica, pero en realidad, la verdadera pasión de Alexander Graham Bell fue llenar el silencio de sonidos, allí donde no los hubiera, allí donde la distancia se negaba a permitirlo. Toda su vida se dedicó a esta maratónica y maravillosa tarea. Murió a los 75 años en su casa de Nueva Escocia, junto a su mujer y sus dos hijas.

Artículo publicado en:
Revista "Oír ahora.Y siempre"
http://www.oirahoraysiempre.com/revistas/Revista_nro3.pdf
Año 1 - Revista No. 3
Argentina, Octubre 2010

Página 36.

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