viernes, 15 de junio de 2012

0224. Testimonio: Ana Morlando - Argentina

Procesador BAHA de Cochlear


Ana Morlando, Córdoba (Argentina)

“¡Ahora puedo escuchar hasta lo que hablan mis vecinos!”

Pasó por varios médicos y tratamientos hasta que descubrió los beneficios del sistema Baha, hace tres años. Ahora que lo usa, Ana está feliz por los logros que nota día a día en su vida. Con sus propias palabras, la bioquímica cordobesa nos cuenta en detalle su lucha por integrarse al mundo.

“Mi problema es congénito: tengo una malformación de nacimiento, falta de formación del canal auditivo externo y falta del pabellón auricular izquierdo. Nací en Córdoba hace 57 años, por lo tanto, para ese entonces, no había muchos especialistas que pudieran mejorar mi calidad auditiva. A los 5 años me realizaron la primera cirugía en Buenos Aires (el Dr. Tato) para abrir el canal auditivo. La operación fue muy exitosa para los médicos, pero para mí no hubo ninguna diferencia, ya que la ganancia auditiva fue mínima y mi pérdida es del 60%. Por lo tanto, empecé la escuela como cualquier niño, solo que sentándome siempre en primera fila para poder oír mejor. A lo largo de mi infancia me realizaron tres cirugías más, porque el canal se cerraba. Como a los 13 años mi especialista de Córdoba quería ponerme un audífono, pero solo se podía colocar del lado operado, donde me falta el pabellón; la idea era colocarlo con una vincha que sostuviera el audífono. Como eso implicaba que se me viera la falta de oreja, yo no quise y seguí mi vida así, sin cambios pero cansada de ir siempre al médico para que me abriera el conducto periódicamente… Hasta que me cansé y no fui más. Seguí haciendo mi vida normal. Terminé el primario y el secundario como corresponde y, a los 18 años, ingresé a la Facultad de Ciencias Químicas y me gradué como Bioquímica, labor que desempeño hasta ahora. No voy a decir que fue fácil mi vida, pero con esfuerzo logré todo lo que tengo.

A las puertas del 2000, ya con casi 47 años, mi cabeza hizo un click y decidí que no podía ser que siguiera sin poder escuchar mejor; así que volví al otorrino y descubrí que no había avances en mi caso. Así, un día me encontré con una fonoaudióloga que se comprometió a crearme un audífono para que yo pudiera oír. Me creó un intracánalico especial, ¡y al fin pude oír!.

Pero eso, desgraciadamente, me duró unos meses, porque cuando transpiraba, se me caía el audífono y no había manera de sostenerlo. Como esta persona es muy especial se comprometió nuevamente para encontrar la manera de adaptarme algo hasta que dimos con un cirujano plástico que podía reconstruir mi pabellón auditivo. Se encaró una cirugía con una prótesis de Porex, para lo cual tenían que crear mas piel para poder cubrir lo que sería la oreja. Esto llevó por lo menos seis meses, con una bolsa de solución fisiológica detrás de la oreja, para todas las semanas ir aumentando la dosis e ir creando más piel. Así llegue a la cirugía casi un año después: con oreja nueva, estéticamente horrible, pero muy útil para sostener el audífono.

Pasaron casi cinco años en los que yo estuve feliz de escuchar casi todo, pero ¡qué mala suerte!, de tanto usar el audífono la piel de la reconstrucción se empezó a lastimar y no pude usarlo más. No se imaginan mi desesperación: volvía a no oír nada y no me acostumbraba, porque ya había probado lo que era escuchar.

Así que empecé a averiguar por todos lados, para ver cómo podía hacer… Hasta que llegué al Dr. Romero Orellano, que me habló del dispositivo BAHA. Me dijo que era justo para mi problema, que él se lo había colocado a dos niños en Córdoba, y que intentara ver si mi obra social me lo cubría. Ahí empecé mi peregrinar de trámites, hasta que lo conseguí. Me llevó un año, pero lo logré: fui el primer adulto implantado de Baha en Córdoba.

¡No puedo explicar cómo me cambió la vida! La ganancia auditiva que era del 60%, pasó al 100%... ¡como cualquier persona normal! Mi vida cambió radicalmente porque no solo oía poco, sino que no discriminaba los sonidos. ¡Ahora escucho todo! ¡Hasta lo que hablan mis vecinos de departamento! (Risas).

Me operaron el 26 de diciembre del 2007 y la adaptación no me costó nada. Fue un jueves y el martes ya estaba trabajando de nuevo, toda vendada, pero trabajando. Tuve que esperar los tres meses de la osteointegración, y el 12 de marzo de 2008 me conectaron. ¡Desde ese día no me lo saque nunca más! Me lo pongo a las 6 cuando me levanto y me lo saco justo antes de apagar la luz para dormir. Fue un milagro para mí.

A pesar de tener una vida nueva mi sordera nunca fue un impedimento para dejar de hacer cosas. Me recibí, trabajé siempre en distintos lados; viajé, sola y acompañada, a otros países; a los 26 años me compré mi primer auto… Pero, ahora todo es mejor: voy al teatro y hasta a misa, cosa que antes no podía hacer porque no escuchaba a los actores ni al cura… no entendía nada.

Realmente espero que mi experiencia les sirva a otros y los aliento a que se animen. ¡Vivir esto es una maravilla!”

Publicado en:
Revista Oír ahora Y siempre
http://www.oirahoraysiempre.com/revistas/Revista_nro4.pdf
Año 2 - Número 4
Argentina - Enero 2011
Página No. 22.

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