jueves, 25 de octubre de 2012

0288. Testimonio: Mery Hamilton Rodríguez - La rehabilitación; el despertar de un profundo silencio - Contenido II -



Contenido II
LA REHABILITACIÓN; 
EL DESPERTAR DE UN PROFUNDO SILENCIO 
Escrito por: Mery Hamilton Rodríguez 
Santa Cruz de Tenerife - 2010


Soy María Anunciación Hamilton Rodríguez "Mery" y en la revista Integración de octubre de 2008 se publicó mi vivencia. En ella decía que tenía Hipoacusia neurosensorial bilateral profunda, probablemente a causa de los antibióticos que tomé durante la infancia. Después de haber recibido mi segundo implante (el 13 de octubre de 2009), aún me queda mucho que poder contar y compartir, lo cual me satisface si con ello contribuyo a comprender el mundo de los sordos. 


Considero que existen muchas formas de oír, y tanto el tacto como la vista, ayudan al cerebro a sustituir las deficiencias auditivas. Sin embargo, cuando sientes que no te puedes comunicar con tus semejantes, a no ser que los tengas de frente, es cuando te das cuenta que en realidad ya no oyes nada. Evidentemente, antes de implantarme, tuve que asimilar que era totalmente sorda, cosa nada fácil, ya que estaba engañada por el cerebro y parecía que oía más, de lo que los especialistas me decían. En un principio rechazaba el implante, porque me negaba a arriesgarme a perder lo poco que creía que me quedaba de audición una vez que me operara. Cuando por fin comprendí que no tenía nada que perder, es cuando ya pude dar el paso de la operación. 

Llevo casi tres años implantada (el primero me lo puse el 27 de marzo de 2007), durante este tiempo he vivido grandes emociones, todas positivas, pero también he encontrado mucho desconocimiento e incomprensión por parte de los oyentes. Después de vivir durante más de una década con pérdida total del oído. Ahora, que estoy doblemente implantada, la gente en general cree, que ponerse un implante es como conectar cualquier aparato de audio y empezar a entender todo lo que se dice, sin ningún esfuerzo extra. La mayoría de los que han nacido oyendo han podido adquirir un extenso lenguaje auditivo, y si encima se han quedado sordos durante uno o dos años, apenas necesitan esfuerzo, para enterarse de lo que se dice a su alrededor. Pero no es el caso de las personas, que como yo, hemos tenido una pérdida de audición más larga en el tiempo. 

Con el implante ya incorporado la mayoría de los sonidos eran nuevos. En muchos momentos me sentí como un bebe, oyendo los primeros sonidos, identificando las primeras palabras y comprendiendo por primera vez muchos términos nuevos para mi. Empecé clases logopedia, tras ponerme el primer implante, con una gran ilusión, convencida de poder llegar a ser una protagonista más de increíbles historias sobre recuperaciones, como las que había leído. Sin embargo, pasaban los meses y el progreso no es como lo esperaban muchos, me daban a entender que no me esforzaba lo suficiente y que tenía que trabajar más. Sin embargo, después de todo el proceso vivido me siento muy bien conmigo misma, pero en el fondo me duele no poder ir más deprisa, de no avanzar como se “supone” tendría que haberlo hecho. Pero hasta que no tuve la oportunidad de conocer a otros implantados no sabía de lo equivocada que estaba en muchos aspectos. 

A lo largo de mi vida, siempre he ido paso a paso, desde mis primeros años escolares hasta mis estudios de veterinaria y posteriores oposiciones, continuamente me he puesto metas, que cuando las alcanzaba, avanzaba un poco más. Me he demostrado que he llegado hasta donde me he propuesto, pero siempre a mi ritmo y con mucho esfuerzo y total dedicación. 

Actualmente puedo comunicarme bastante bien con una sola persona, aunque tengo dificultades cuando son más de dos. Igual sucede, cuando hay un giro en la conversación o se entremezclan varios temas. La situación se complica aún más, cuando existe un elevado sonido ambiente, como por ejemplo el volumen de la tele o el murmullo de un bar. Por dichas razones, en ocasiones tengo que interrumpir a mi interlocutor y hacer que me lo repitan para entenderlo. Antes de operarme me tenían que escribir absolutamente todo. Mi deficiente lectura labial ha mejorado con los implantes, he aprendido a usarla como una fantástica herramienta, al empezar a entender por fin pude aprender a leer los labios, como un complemento más. Cuando me encuentro con un conocido, al que llevo tiempo sin ver, me cuesta comprenderlo, pero al rato empiezo a captarle algo y así poco a poco me voy comunicando mejor con él. 

Sería fantástico poder seguir con el oído todo tipo de explicaciones, charlas, conferencias, ponentes, etc. Pero se depende de muchas circunstancias como por ejemplo del tipo del local. En el caso de ser grande o de techos muy altos, se produce una resonancia que dificulta la audición. También es difícil si la persona que habla "se come el micrófono", habla bajo, muy rápido o simplemente se tapa la cara con el documento que está leyendo. 

Entender la televisión sin la ayuda de los subtítulos, supondría alcanzar una meta muy importante. Ahora con los implantes capto mejor las cosas que antes, aunque todavía no consigo descifrar el sonido sin la ayuda del texto. En el caso de la radio, empiezo a comprender algunas palabras o frases, pero no lo suficiente como para saber de lo que hablan. Aún así, cuando me desplazo al trabajo en coche, sintonizo alguna emisora para así ir adaptando mi cerebro al sonido de las ondas. 

Conseguir comunicarme por vía telefónica es un reto un poco más lejano en el tiempo. Pero he conseguido algunos avances, como es el poder entender palabras de un teléfono fijo a otro, e incluso he comprendido algunas frases. Fue muy emocionante cuando un día logré entender a mi madre y hermana, al otro lado de la línea. 

La música, esa maravillosa armonía de sonidos para los oyentes, sigue siendo para mí un ruido que no alcanzo a comprender. Mi mente aún no la ha aceptado y por ello la percibo como algo negativo, que me dificulta la comunicación verbal. Esta cuestión es una de las que más me cuesta hacerle entender a la gente que me conoce. La música no ha ocupado ningún hueco en la memoria auditiva que dispongo, no me produce ninguna relajación, más al contrario, me provoca aburrimiento y en último extremo nerviosismo. Cosa diferente es, si soy capaz de crear mis propias armonías, en este caso si la siento con las manos, los pies o el cuerpo, pero sigo sin percibirlo como algo necesario para mí. 

Creo que ahora he empezado a oír sonidos nuevos con más claridad, pero que por desgracia muchas veces me quedo sin poder identificarlos, porque al preguntar a quien que tengo al lado, me dice que no sabe que sonidos se trata. Como anécdota les diré que por mi trabajo en el Matadero Insular de Tenerife, llevo a veces muestras al laboratorio, lo transporto en una de esas neveras portátiles que dejo en el coche, mi garaje tiene una rampa muy inclinada, la nevera se me caía y yo creía que le había dado un golpe a mi coche, pero no veía ningún arañazo, hasta que después de muchas veces logre darme cuenta que el sonido venia de la caída en el interior del vehículo y no de fuera como creía. Solo el hecho de descubrir la causa, fue una sensación muy emocionante. 

Oigo otros ruidos increíbles, el sonido del cable de colgar la ropa al tenderla, de las sandalias al caminar, ahora entiendo a mi madre, pobrecita, la volvía loca antes por las mañanas, decía que arrastraba las piernas y hacia mucho ruido al andar con zapatillas y se quejaba que la despertaba. 

El portero automático de mi casa, si es una meta próxima, ya oigo a una persona y tengo posibilidades de entender lo que dice, al menos tengo esa sensación de claridad y me anima. Por ahora, estando dentro de casa que hay menos ruidos, logro captar frases sencillas y frecuentes como soy tal, y ¿me puedes abrir?. 

Otro punto que me está costando mucho es poder participar en las conversaciones entre varias personas. Han sido tantos años de espectadora del silencio, que aunque tenga una opinión hecha sobre lo que se está debatiendo, no consigo expresarla abiertamente sin recurrir a la escritura. Pese a que dicen que tengo facilidad de palabra, me bloqueo en las conversaciones y acabo callándome, al no tener la plena seguridad de haber oído correctamente las opiniones de los demás, que me serían necesarias para entrar en el debate. 

Actualmente, estoy integrada en la Asociación de Implantados de Canarias y gracias a ella estoy empezando a conocer a gente que han pasado o están pasando por mi misma situación. Hace poco me han nombrado vicepresidenta de AICCNAR. Todo ello me esta ayudando más de lo que creía, y gracias a esas personas he comprendido muchas cosas. Estaba convencida de que los oyentes no me entendían y los utilizaba como excusa para no esforzarme más, ¡que gran error!. Ahora se que tengo que poner mucho más empeño de mi parte, ya mi logopeda me había dicho, pero no lo aceptaba. 

Finalmente decir que no es nada fácil para una persona que lleva tantos años sin oír, volver a meter los sonidos en su vida, es agotador y agobiante. Y muchas veces tengo la necesidad de desconectarme, pero a medida que pasa el tiempo, esa necesidad va disminuyendo, y cada día son más las horas que acepto los sonidos con mayor naturalidad.

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