jueves, 17 de enero de 2013

0327. Testimonio: Antonio Brarda - Argentina


Una vida nueva en un mundo de sonidos…


Hablar de la implicancia del Implante Coclear para una persona a quien se le ha diagnosticado una Hipoacusia Bilateral Profunda, significa hablar de un “antes” y de un “después” en su vida. A los 56 años puedo decir que he recorrido un largo camino en mi lucha por superar la vida sin la capacidad de oír.

El diagnóstico llegó temprano, como consecuencia de una meningitis, allá cuando tenía apenas un año y medio de vida. De la vida normal pasé a ser el cuidado especial y devoto de mis padres a quienes les debo el haberse preocupado por hacerme asistir desde el comienzo con los mejores especialistas de su época, tanto médicos como fonoaudiólogos, y el haberme provisto siempre con audífonos de última generación. Pero es cierto también que fue fruto de mucho esfuerzo el transcurrir de toda mi vida personal y de relación con los demás: mi paso por la escuela primaria y secundaria y mis años en la universidad hasta cumplir con ese anhelo de recibirme de arquitecto. 

Si bien así fui manejando mi discapacidad, llegó un momento, allá por 1991, en que el uso del audífono fue insuficiente: había perdido la discriminación y cada vez resultaba más difícil comunicarme con todos los que me rodeaban tanto en mi núcleo familiar, como en el trabajo; sentía que todo lo conquistado hasta el momento se iba a pique: no podía ya resolver situaciones simples de trabajo ni de relación con mis pequeños hijos ni con mis más cercanos amigos. La sensación de perder todo lo conquistado hasta entonces era angustiante. 

Fue entonces en que mi médico otorrinolaringólogo, el Dr. Raúl Pitashny me habló del Implante Coclear como única solución viable para mi problema. Pasamos un largo tiempo, mi esposa y yo, siendo atendidos por este prestigioso profesional para tratar de comprender los beneficios que la cirugía del implante coclear (entonces casi desconocida en este medio) significaría en nuestras vidas. 

Sin embargo, en estos tiempos de dudas nunca perdí la fe y menos la esperanza de poder superar la dificultad. El apoyo incondicional de mi esposa y de mi familia toda apuntalaron también mi decisión. Y así fue como en marzo del 93 pasé la cirugía con todo éxito y ni bien fue superado el período de recuperación, se hizo la conexión y calibración del procesador de habla al implante, con un resultado excelente: escuchar otra vez fue algo maravilloso. Al principio, la asistencia de todos fue importante: había sonidos que no reconocía o que jamás había escuchado: el trinar de un pájaro, la voz de algún amigo a través del teléfono, un ruido de la calle hasta entonces jamás identificado… O la música: volver a escuchar canciones que me habían acompañado tantas horas en mis años de estudiante universitario dibujando sobre el tablero, ahora otra vez tenían sentido. 

Fue un cambio asombroso para mí, para mi familia y mi círculo de amistades y de compañeros de trabajo. Volvía a ser partícipe de conversaciones, no necesitaba de intermediarios, podía moverme con mayor soltura y sin miedos; fui recuperando no sólo la confianza en mí mismo sino también el espacio que había perdido en el ámbito social en que me movía: podía integrarme en reuniones sociales y actividades culturales.  

Pero mi experiencia no termina aquí: el año pasado he sido implantado en el otro oído, otra vez por el Dr. Pitashny y esto ha sido aún más extraordinario: por primera vez en mi vida he podido escuchar a través de ese oído. 

Mi panorama de comunicación con el mundo que me rodea se ha ampliado: ahora soy un implantado bilateral y esto me permite conocer un mundo de sonidos más amplio e intenso. Cada nueva calibración de los equipos es una nueva carga de sonidos que incorporo a mi vida auditiva. 

En resumen: puedo dar fe de que el prodigio del implante coclear no tiene palabras cuando las expectativas de vida se ven limitadas por la discapacidad de oír. 

Finalmente, quisiera en este espacio expresar mi profundo agradecimiento por todos los que desde su ámbito profesional o familiar han hecho posible esta nueva etapa: al Dr. Raúl Pitashny y su equipo de colaboradores, a mi audióloga Dra. Leonor Aronson y a mi familia, en especial a mi esposa y a mis hijos. A todos y a cada uno de ellos, cuyo apoyo incondicional ha permitido que recupere el placer por la vida. Gracias! 


INSTITUTO DE OTORRINOLARINGOLOGÍA (I.O.R.L)
Santa Fe (Argentina)
La historia del Instituto comienza como un sueño, un proyecto, cuando el Doctor Raúl Pitashny se instala en Santa Fe a fines de los años sesenta. 
Comprendió que para poder brindar una otorrinolaringología de calidad tanto en el aspecto humano como científico era imprescindible agrupar el Consultorio, los Procedimientos Diagnósticos Especializados y el Tratamiento, en un solo lugar. 
Pero lograrlo llevó tiempo y mucho esfuerzo. 
Poco a poco se fue remodelando la casa de calle Santiago del Estero 2722 que originalmente era una vivienda con un consultorio hasta llegar a ser un centro especializado funcional, confortable donde los médicos pueden realizar su actividad de la mejor manera y donde los pacientes sienten que todo el grupo humano del Instituto está dedicado a resolver sus problemas. 
Progresivamente se fue adicionando instrumental de avanzada, así como se fueron agregando nuevos profesionales y colaboradores. 
En 1975 la Fga. Lía M. Rico, en 1977 la Fga. María Cristina Heredia, en 1978 el Dr. Jorge Chiavarini, en 1979 la Dra. Nora Muñoz, en 1986 el Dr. Eduardo Litmanovich y en 1994 el Dr. José de Prado. 
Gracias a la formación médica contínua del I.O.R.L, se han incorporado y se siguen incorporando nuevos profesionales al Staff.

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