miércoles, 24 de abril de 2013

0397. Testimonio: Carolina Gálvez - Argentina


NUNCA ES TARDE
Carolina Gálvez, 37 años

Se implantó en uno de sus oídos con más de 30 años. La experiencia fue tan maravillosa que, pocos meses después, recibió su segundo implante. Hoy, adaptándose a este nuevo mundo, se emociona al escuchar todos los sonidos, especialmente la voz de su pequeña hija.

Carolina Galvez tiene hoy, 37 años, una hija de tres y actualmente vive en la ciudad de Granadero Baigorria, Santa Fe. Es profesora de sordos y profesora de ciegos, más precisamente de Lenguaje de Señas Argentina (L.S.A.), actividad que desarrolla en dos escuelas de sordos de Rosario.

Nació oyente pero a partir de los diez años comenzó con problemas en la audición y fue ya en el secundario cuando sus padres la llevaron al especialista y el diagnóstico fue contundente: hipoacusia moderada aparentemente progresiva.

“Las dificultades comenzaron al ingresar en la escuela secundaria, donde empecé a tener problemas con algunos profesores (generalmente con aquellos que hacían pocas pausas, ya que yo escribía durante las pausas)”, comenta. Por eso, agrega, “no logré integrarme totalmente al nuevo grupo de compañeros, ya que difícilmente podía participar de chistes, secretos o relatos susurrados durante la hora de clase”, recuerda de esos años de estudio.

Con esta perspectiva y en plena adolescencia, Carolina comenzó a dedicarse a actividades más individuales, que no dejaran expuesto su problema auditivo. La lectura fue, por ese tiempo, su pasatiempo preferido. “Leía todo lo que me caía en las manos”, dice.

En tercer año del secundario comenzó a usar audífono en su oído derecho, que no le sirvió de mucho, salvo para ocultar su sordera y recordarle que lo tenía cada vez que se peinaba.

Días de radio

Solitaria y un tanto retraída, la docente todavía se emociona cuando piensa en esos años y los contrapone con su presente, totalmente diferente. “Creo que la pérdida auditiva moldeó mi carácter obligándome a adoptar una actitud pasiva e insegura en el intercambio con el otro. En las reuniones, me lo pasaba cambiándome de lugar para que nunca me preguntaran qué opinaba, no comprendía los chistes, y aunque me los volvieran a contar, debía reírme igual sin entenderlos, porque todos esperaban que así lo hiciera. Y, obvio, si se apagaba la luz…. Se apagaba la conversación”.

A mediados de los años 90, con el ingreso al profesorado de sordos, al descubrir un ámbito diferente y comenzar a estudiar, empezó a comprender todo lo que le había pasado y le pasaba en relación a su pérdida auditiva: “pude ir comprendiendo y aceptando muchas cosas. Empecé a tener contacto con las personas sordas y con la L.S.A. y comencé a poder entender chistes y a disfrutar más relajadamente de una reunión. Es muy estresante y cansador seguir una conversación mirando únicamente los labios de las personas que hablan”.

Muy interesada en los avances tecnológicos en la materia, ya recibida y trabajando como profesora de sordos, Carolina supo de la existencia del implante coclear. “Tomé la decisión de implantarme luego de consultarlo con una amiga (fonoaudióloga de una escuela donde trabajo) y con mi otorrinolaringólogo de cabecera. Así fue como en el mes de marzo de 2011 (a los 35 años) me hice el primer implante en el oído izquierdo y al mes siguiente el encendido del mismo”, sintetiza.

Como todo, la adaptación a este nuevo mundo de los sonidos, siendo ya una adulta, trajo más sorpresas para la joven: “El encendido del implante fue muy difícil para mí. Nada te prepara para ese momento -a pesar de que estuve acompañada por un buen equipo de profesionales y que mi fonoaudióloga me anticipó sobre ese momento-. Yo sabía que no iba a escuchar todo de una, pero… ¡Ese ruido! Toda mi vida huí del ruido! Y ahora… Era realmente lo que me habían dicho, una radio sin sintonizar. Me sentí desilusionada, desesperada y comencé a pensar que me había equivocado”.

Pero en realidad lo que la santafesina necesitaba era tiempo para aclimatarse, para aprender a escuchar. Con el transcurso de las semanas y el acompañamiento de su fononoaudióloga y compañera de trabajo, Gabriela Dotto, empezó a darle significado a todos esos ruidos.

“Poco a poco fui percibiendo más agradable la voz, fui tomando diferentes ruidos como parámetros para poder identificar a qué correspondían, por medio de los cuales iba estableciendo si eran muy fuertes o bajos, si eran agudos o graves. Comencé a descubrir sonidos de los cuales no tenia registro, como el guiñe del auto, el canto de los pájaros, las ranas antes de llover, el chupeteo de la mamadera de mi hija cuando nos acostamos, los pasos en la escalera y el sonido de la ducha, entre muchos otros”.

Cada sesión era una sorpresa y un aprendizaje conmovedor. Pero lo que más asombro le causaba a Carolina en ese camino de cosas nuevas eran las voces. Y no se cansa de contarlo: “Tuve que aprender a reconocer las voces de todos y tengo que volver a hacerlo luego de cada calibración; me divierte pensar que cada vez reinvento las voces de todos, les encuentro nuevos y diferentes matices". "Otra de las cosas que logré con el I.C fue hablar por teléfono y mirar por T.V. un noticiero”.

Tiempo del segundo implante

La experiencia de comunicarse en verdad a través del lenguaje hablado fue tan fuerte y decisiva en la vida de Carolina Gálvez que no quedó ahí. A los cinco meses del primer implante, entusiasmada y feliz por los logros, volvió a consultar con su médico para saber si era factible repetir ese gran milagro de la audición en su otro oído, el derecho. Así, a mediados de 2012 recibió su segundo implante y al mes, por fin vivió su encendido, ya más tranquila y relajada, sabiendo lo que iba a suceder.

¿Cómo fue la adaptación?

“El proceso de adaptación entre ambos implantes fue sumamente diferente. El segundo fue más automático para mí, desde el momento en que me puse los dos, se complementaron sin generarme ningún tipo de dificultad. Me cuesta todavía adaptarme a la voz del segundo si lo uso solo (cosa que sucede muy pocas veces) siento que estoy más alerta con los dos, y que respondo más rápidamente al llamado si estoy de espalda a la fuente del llamado”.

Feliz de escuchar la voz de su pequeña hija, de su familia y de sus amigos, esta joven no se cansa de contar a sus alumnos –“para quien soy un referente bilingüe”- todas las posibilidades que le brindan los dos implantes cocleares. “Sé que todos los seres humanos somos diferentes, sé que cada uno se adapta y asimila su realidad de manera distinta y única. Esta es mi historia, mis vivencias y disfruto al compartirlas, pensando que pueden ayudar o estimular a alguien. Para mí fue una experiencia positiva. ¡Yo lo volvería  hacer!”.

Beneficios de oír en estéreo

El cambio que sintió Carolina ni bien comenzó a escuchar de modo bilateral fue, y es, tan fuerte que se divierte descubriendo sonidos día tras día. “Por ejemplo, cuando hace un par de semanas venia de Buenos Aires a Santa Fe en el micro, le dije a mi compañera de asiento: "estoy escuchando, no sabes qué... ¡alguien de atrás está roncando!". Y la verdad me dio mucha risa darme cuenta de lo que oía. "Con la nena y con mi esposo me desenvuelvo super bien, a la `puchi` le entiendo todo lo que dice, hasta cuando lo dice enojada, llorando o tapándose la boca”, comenta divertida.

Pero este mundo sonoro tan natural para muchos es tan novedoso para Carolina que no para de recordar momentos gratificantes: “una vez llevé a Oriana, mi hija,a bañarse; al cerrar la puerta del baño empiezo a escuchar un ruido o sonido, vuelvo a abrir la puerta y salgo al pasillo pero me doy cuenta que el ruido se aleja, entonces entro nuevamente al baño, veo que no hay ninguna canilla abierta, que el inodoro no pierde agua, no identifico ruido alguno con lo que escucho. Como nunca había entrado a la ducha con los implantes ignoraba el sonido que tenía el agua. Intrigada y sin entender de qué se trataba, me meto en la ducha y al mojarme la cabeza me doy cuenta... ¡los implantes, no me los había sacado! Lo que escuchaba era el ruido del agua, pero no lo identificaba porque no lo había escuchado nunca”.

Publicado en:
Revista Oír ahora y siempre

http://www.oirahoraysiempre.com/revistas/Revista_nro10.pdf
Año 3 - Número 10
Argentina - Enero 2013
Páginas del 16 al 19

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