domingo, 14 de julio de 2013

0433. Testimonio: Rocío, la sonrisa ante la adversidad - Valladolid, España


Rocío, la sonrisa ante la adversidad
Por: Juan Postigo 
14-07-2013 

Sorda a los seis meses por un problema con un medicamento, su familia lucha ahora por conseguir otro implante coclear que le permita volver a oír, tras el que le proporcionó la Seguridad Social y que se rompió hace medio año.

Rocío siempre responde a todo con esa sonrisa en la cara que la convierte en una chica alegre y optimista. A todo. Con veinte años, prefiere ver las cosas con ilusión y buen humor. Y eso que la vida no siempre le ha venido de cara, pero eso a ella le da igual.

Cuando la pequeña apenas tenía seis meses, a Balbina le comunicaron que su hija estaba sorda, algo que por aquel entonces le sorprendió bastante. “Creo que fue por un medicamento que le dimos casi de recién nacida, porque antes cuando estaba en la cuna le poníamos un juguete que hacia sonidos y se quedaba dormida”, explica. “Realmente parecía que lo escuchaba”. 

Encontrarse con semejante drama fue un duro palo para la familia, y más siendo ya conocedores de que Rocío también tiene un ligero retraso mental. Pero solo quedaba tirar hacia delante. Ahí es cuando el Estado cumplió su papel y apareció la Seguridad Social, que le proporcionó un implante coclear. 

“Un implante coclear es para sordos profundos. El aparato se divide en dos partes, primero hay que operar a esa persona para introducirle una de ellas y la otra va por fuera”, afirma Erika Platón, coordinadora del Servicio de Atención y Apoyo a las familias de ASPAS, asociación para sordos de la que forman parte Rocío y su familia. 

“De esta manera esa persona puede escuchar casi con total normalidad. Es un aparato caro, de unos 10.000 euros. La parte interna es para toda la vida, una vez se opera a la persona, pero la externa se estropea y hay que renovarla”, asegura Erika. 

ASPAS ha sido un apoyo constante para Rocío y toda su familia desde que se descubrió su problema. Se trata de una asociación de ayuda a personas sordas y a sus familiares, nacida en 1979 en Valladolid. Su objetivo pasa por dar cobertura a todo lo que necesite la persona sorda y aquellas personas cercanas, desde que se detecta el problema hasta que se inserta con total normalidad en la sociedad. 

EL IMPLANTE DE ROCÍO 

A pesar de todo, la vida de Rocío marchaba bien. Con el implante coclear sufragado por la Seguridad Social, pudo hacer vida muy normal, podía hacer lo que todos los chicos de su edad podían. Ya siendo mayor de edad, hasta ha empezado un módulo de jardinería y pronto hará lo propio con uno de cocina. El problema llegó cuando el aparato externo terminó por romperse, quizá algo lógico después de varios años de uso. 

“A Rocío se le hacía incómodo, pero siempre lo llevaba, claro, porque lo necesitaba para poder escuchar. Cuando terminó de romperse es cuando ya no tuvo posibilidad de oír, volvió a quedarse sorda”, explica Balbina con angustia. Su madre no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados, incluso seis meses antes de que el implante terminara de deteriorarse. 

“Hasta 2010 si se fastidiaba el aparato te lo pagaban, pero salió otra ley que lo anulaba. Desde entonces solo se puede renovar de manera gratuita cada siete años, y a Rocío aún le queda mucho”, asegura Erika. 

Junto con la Asociación ASPAS, empezaron una campaña de recogida de tapones de plástico por todo Valladolid, para poder venderlos y conseguir un nuevo aparato para Rocío. “Es complicado, en cosa de un año hemos conseguido 36.000 kilos, lo que son algo más de 600 euros. Necesitamos casi 10.000”, explica algo cariacontecida la madre. 

“Bien es cierto que ahora es cuando más ‘ruido’ estamos haciendo con la campaña y cada vez hay más gente que ayuda poniendo lugares donde recoger tapones y nos los traen, pero no es fácil porque somos nosotros los que tenemos que recopilar todos, sería más sencillo si la gente nos los pudiera traer aquí”, explica Erika. 

Los centros escogidos por la Asociación son, por el momento, en la propia sede, en la Calle Ecuador 17, en la Escuela Infantil La Cometa, en la Calle Arca Real, en el Colegio Gonzalo de Córdoba en la Avenida de Burgos y en el Colegio Entrepinares y en la Escuela Infantil Arco Iris en Mojados y en Tudela de Duero, respectivamente. Aunque son varios los establecimientos en Valladolid que han decidido por su parte recoger tapones para luego llevarlos personalmente al centro. 

De esta manera están las dos vías para conseguir el implante, por el Estado, o, la más guerrera, conseguir suficientes tapones y envases de plástico. El camino que queda es largo. “Desde que hemos empezado a escribirlo en redes sociales ha aumentado un montón, pero queda, queda mucho”, dice la coordinadora. 

Lo que queda claro es que Rocío no va a rendirse. Ni ella ni su familia. A fin de cuentas, llevan peleando toda su vida y ganas de salir adelante es de lo que más les sobra ahora mismo. “Pelear merece la pena si la cosa termina bien”, concluye Balbina. 


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