martes, 27 de agosto de 2013

0449. Testimonio: Robert Weitbrecht, inventor del "teleprinter" - Estados Unidos



El legado de Robert Weitbrecht


Fue un ingeniero sordo que creó el “teleprinter”, un invento para ayudar a los hipoacúsicos a hablar por teléfono. 

Conocé su fascinante historia de vida... 

Robert H. Weitbrecht nació en abril de 1920, en los Estados Unidos, más precisamente en Orange, California. Sordo de nacimiento, y dadas las tecnologías de la época, su madre comenzó a enseñarle lectura labial y fue así que pudo inscribirse en una escuela para sordos, donde aprendió a leer. 

A Weitbrecht comenzó a apasionarle la ciencia a muy temprana edad, porque su maestra lo llevaba a diversas fábricas donde se empaquetaban alimentos. Le fascinaron las máquinas: cómo esos enormes armatostes de metal funcionaban gracias al trabajo del hombre. 

Durante el secundario, se interesó mucho por la astronomía, tanto así que creó su propio telescopio, lo que le valió un premio muy especial llamado “Bausch and Lomb Honorary Science Award”.

Y así fue creciendo, formándose y aprendiendo cada vez más sobre aquellos temas que tanto le importaban.
  
Cuando terminó su educación formal en el Santa Ana Junios College, con muy buenas calificaciones, tuvo en claro como quería que continuara su vida. Gracias a su tenacidad y talento, logró obtener una beca para estudiar astronomía en la Universidad de Berkeley en 1942. 

Pero como este hombre siempre iba por más, en 1957 terminó de formarse como científico con un máster en astronomía en la Universidad de Chicago. 

Lo más curioso de este período es que él ni siquiera requirió de un intérprete para llevar adelante sus clases, sino que sus compañeros le daban anotaciones de lo que indicaban los profesores y desde allí estudiaba. 

Durante su juventud, y sin dejar que su discapacidad auditiva lo frenara, Weitbrecht tuvo diversos trabajos. Se desempeñó como físico en el Laboratorio Radiológico de la Universidad de California (actualmente conocido como el Lawrence Livermore National Laboratory). Luego, trabajó como científico en el área de electrónica del Centro de Testeo de Misiles de la armada estadounidense. Allí participó en la creación de equipos de rescate naval y fue parte del “Manhattan Project”, donde desarrolló el moderno contador Geiger. Por sus esfuerzos, recibió el Premio al Logro Superior de la Armada de los Estados Unidos. 

Como si esto fuera poco, y valiéndose de su formación astronómica, inventó una cámara fotográfica capaz de hacer foco en las estrellas y obtener muy buenas imágenes del espacio. 

Poco a poco, Weitbrecht fue encontrando su verdadera pasión: las comunicaciones. Ya en el colegio le llamó la atención el funcionamiento de las radios e incluso fue capaz de usar el radiotelégrafo para comunicarse con operadores de otras partes del país. Pero su gran salto en la materia fue en 1948, cuando ayudó a crear la primera radio de comunicación mundial. 

Este invento, que utilizaba el sistema de telefonía pública, fue bautizado como el “teletypewriter” (TTY): ahora las personas podrían tipiar en este aparato y enviar sus mensajes a cualquier parte del mundo.

El problema era que, tal como le pasaba a Weitbrecht, en esa época si una persona sorda recibía una llamada, dependía de que otros la contestaran por ella, y le trasmitieran el mensaje de manera escrita o por medio de la lectura labial. Además, en ese entonces, el TTY solo se utilizaba para negocios importantes, ya 
que era muy caro para el uso doméstico. No conforme con esta situación, se asoció con el ortodoncista sordo James C. Marsters, para forjar una versión actualizada del TTY, que les permitiera a todos los discapacitados auditivos acceder a las comunicaciones. Así fue que crearon un acoplador acústico que utilizó supresión de eco. 

¿Cómo funcionaba? El invento era un aparato electrónico que hacía que se teclearan las palabras que se oían a través del teléfono por medio del uso de un teleescritorio. En 1964, Weitbrecht y Marsters adaptaron el equipo tradicional del TTY y Weitbrecht pudo realizar la primera llamada entre dos personas sordas. Se requirió de varias pruebas hasta que este invento efectivamente adquirió popularidad en el mundo de la sordera, ayudando a cientos de personas a interactuar. Ya en 1982, se usaban cerca de 150.000 aparatos solo en los Estados Unidos, no sólo en las casa de las personas sordas, sino en muchos lugares públicos, como negocios, departamentos de policía, hospitales y colegios. 

Robert H. Weitbrecht falleció el 19 de mayo de 1983 en un trágico accidente automovilístico, pero su legado para con la comunidad sorda y con la sociedad en general, quedará siempre en la memoria colectiva y en la historia de la telecomunicación moderna. 

Artículo copiado de la Revista Oír ahora y Siempre
Año 3 - No. 10 - Enero 2013 - Argentina
Páginas del 34 al 37

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