jueves, 31 de marzo de 2016

0703. Testimonio: Enzo Gazzoni

Mellizos. Enzo y su hermano Mateo nacieron en 2004 (Martín Báez/LaVoz)

Una vida completa de sentidos
Producción periodística: Analía Reineri  
Narrado por: Enzo Gazzoni
30/03/2016
http://www.lavoz.com.ar/


Implante coclear bilateral. A los 5 meses, a Enzo Gazzoni le detectaron que era hipoacúsico profundo. Por la intervención, recuperó su audición al máximo posible y habla normalmente. 
 
Enzo Gazzoni comenta....
Mi hermano mellizo Mateo y yo fuimos seismesinos, nacimos el 18 de agosto de 2004 y estuvimos dos meses en Neonatología.

Mi familia cuenta que aunque los controles de la neo habían dado bien, cuando tenía cinco meses se dieron cuenta de que algo pasaba conmigo. Por recomendación de un vecino otorrinolaringólogo, me llevaron al Instituto Raquel Maurette de la Universidad Nacional de Córdoba, donde descubrieron que no escuchaba.

El día que cumplí un año, me hicieron un implante coclear en el sanatorio Allende. Al mes, cuando calibraron el aparato, estaba tomando la mamadera en el sillón del living de mi casa cuando mi hermana mayor tocó el piano y comencé a mover los piecitos. Siete meses después del primer implante, y de vacaciones en la playa, mis padres se alejaron de nosotros y fue ahí cuando dije “mamá”. Ella supo que esa no era la voz de Mateo, que era yo quien había hablado. Fue la primera palabra de muchas que comencé a decir enseguida.

Cuando tenía 5 años, me hicieron el implante en el otro oído. En el medio, y durante dos años, viajábamos todas las semanas a Buenos Aires (para realizar la terapia auditiva verbal). Me despertaba a las 7.30, tomábamos el avión e íbamos tres horas con la terapeuta. Era un lugar lleno de juguetes, divertido.

También, era como llevarse tarea a casa. Toda la familia ayudaba en mi aprendizaje. Hasta Mateo, que era un niño pequeño como yo, colaboraba: se tocaba la nariz, los ojos o la boca y decía “¿qué e eto?”, para que yo dijera la palabra correcta.

Me leían diez cuentos por día. Cada persona que llegaba a casa tenía que leerme una historia. También jugábamos a armar frases: alguien comenzaba diciendo una palabra y el resto seguíamos para completar. Hasta relatábamos actividades en una plaza imaginaria.

Con el segundo implante, comencé a darme cuenta desde dónde venían los ruidos. Se aclararon algunos sonidos, empecé a entender más palabras y a escuchar más fuerte. Pude captar el canto de los pájaros.

Cuando comencé el colegio, y por precaución, me habían comprado un aparatito que conectaba un micrófono que tenía la maestra y un chip que estaba en mi aparato para pudiera escucharla más directamente. Lo usé poco, porque sentía la voz de la seño todo el tiempo y me perdía las conversaciones de mis compañeros. Además, si ella se olvidaba de apagarlo yo oía lo que hablaba con otros maestros.

Después, me sentaban más adelante en la clase, pero ahora no hace falta.

Durante un año estudié piano en la escuela. También tocábamos el xilofón y el tambor. Nunca me costó aprender música. Además, pinto y hago cosas con cerámica.

Este año elegí jugar al básquet. Si hago judo, un poco de cuidado tengo que tener. En el recreo a veces jugamos de modo torpe, pero nunca tuve un accidente, sólo a veces cuando jugamos al poliladron, si me quieren atrapar, se sale la bovina.

No creo que mi vida sea más complicada que la de mi hermano o la de mis amigos.

Cada dos días, el aparatito se va quedando sin pilas. Entonces, escucho menos y se prende una luz. Pero siempre tengo otras conmigo. Muchos me preguntan “¿Cómo sentís que se acaban las pilas?”. Y yo respondo: “¿Cómo sentís que se te tapa un oído?”.

No puedo usar los implantes en la pileta. Pero yo solo aprendí a leer los labios. Porque cuando mi mamá me enseñaba a hablar se tapaba la boca o se ponía lejos para que no me acostumbre a leer los labios. Ella hacía sonidos para que escuchara y siempre tuvo la precaución de decirme donde estaba cada vez que la llamaba. No decía sólo “acá”. Pero con el doble implante ya no es tan necesario, puedo identificar desde dónde viene la voz.

Si voy a una pileteada, escucho las reglas del juego que propone el profe y después me los quito. Pero todos mis amigos ya saben, así que no es un problema. A los papás de un niño sordo les diría que llamen a los padres que tienen hijos con implantes y les consulten sobre esto.

Cuando un extraño pregunta qué tengo en la oreja yo le explico. Muchas veces creen que es algo para escuchar música.

La parte externa del implante se puede ir cambiando porque la tecnología se va perfeccionando, se captan más rápido las voces y el sitio desde surgen los sonidos.

No hay nada que no pueda hacer por tener implantes. Y hasta tiene una ventaja: si me están retando, me los desconecto hasta que pase. El 18 de agosto mi hermano Mateo y yo vamos a cumplir 12. Este año terminamos la primaria y cuando sea grande, yo quiero ser arquitecto.

Perfil

Enzo es alumno de sexto grado del colegio Lasalle. Es hijo de Claudia Ferreyra y de Walter Gazzoni y tiene un hermano mellizo (Mateo) y dos hermanas: Mariel (23) y Giuliana (18). En 2005 fue el bebé más pequeño implantado en el país hasta ese momento.

Artículo:
http://www.lavoz.com.ar/

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bonita historia llena de esperanza. Una pregunta, va Enzo a una escuela especializada o con experiencia? A mi hijo lo implantarán este verano aunque de momento con audífonos nos va escuchando algo. Esperemos que hable tan bien como Enzo y tenga una cida plena y feliz. Un abrazo enorme. Suteru.

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