miércoles, 25 de mayo de 2016

0717. Reflexión: Carta a mi hija Implantada - Por: Antonella Schiffino Martinez


CARTA A MI HIJA IMPLANTADA 

Te voy a contar algo...
No ha habido momento en el que haya pensado que no merece la pena. A pesar de las dificultades del día a día, de este miedo que se instaló con maletas y zapatillas de dormir en mi corazón. A pesar de que en muchas ocasiones he tenido que sonreírle a ese nudo apretado que vive en mi garganta. A pesar de no saber qué es lo que nos depara el futuro, y que soñar haya sido un complicado desafío.

A pesar de ese sentimiento de alegría, siempre mitigado por el miedo ERES LA MISIÓN MÁS IMPORTANTE EN MI VIDA.

Mamá ha sido muy feliz. He reído mucho. He aprendido a ser MADRE. Así, con mayúsculas. Porque entre terapias, revisiones médicas, y habitaciones de hospital, he sentido que ser madre es algo más que criar a un hijo.

Ser madre es abrazarte, y decirte bajito que todo saldrá bien, cuando tu corazón se encoge en cada palabra.

Ser madre es acompañarte mientras sufres, en esas interminables revisiones, y sonreírte al tiempo que tus lágrimas escapan sin querer.

Ser madre es mirarte mientras duermes, y pedir a todos los dioses que te ayuden a ser la persona más feliz de la tierra.

Ser madre, tu madre, es despertar con el propósito de luchar, cada día, cada segundo, incluso cuando tus fuerzas te quieren abandonar.

Ser tu madre, hija mía, es el mejor regalo que me ha hecho la vida.

Cuando leas esto, hija mía... 
Toma mi mano, seguiré estando aquí. 
Mírame, aunque ya seas muy mayor. 
Abrázame, como cuando eras pequeñito y me hacías tocar las estrellas en cada beso.
Mayo, 24 de 2016

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